RETURN
Que bonita palabra (regresar), hasta los spots navideños la usan, esos anuncios
que te hacen llorar a pesar que nada tienes que ver con esa madre que espera su
hijo militar, pero por todos es conocido ese sentimiento de empatía asociada al
reencuentro con lo perdido, al fin y al cabo, ¿quién no ha visto partir un
avión, un tren o un autobús con su amigo en el interior?
Por suerte os diré que he disfrutado de grandes amigos en mi
vida, esos amigos que te apoyan en los momentos más duros, de esos que con una
llamada solucionan tu vida. Pero la mala noticia es que los tengo lejos, de
hecho los tengo muy lejos.
A estos tres individuos les podemos poner nombre propio.
Gabriel, Luis y Marco, tres tipejos peculiares y de lo más dispares.
Gabriel, político de vocación e historiador de profesión,
acompañó mis inquietudes intelectuales durante mis años de fin de ESO y
Bachillerato. Con él pasé las mejores vacaciones de mi vida (cada una de
ellas), aprendí que se puede pescar con crema de pastel, que el arroz con mucho
agua queda pastoso y que el alcohol sin control causa problemas sociales. Vive
en Lleida, es mi amigo más antiguo y el más cercano, nuestra visita bimensual
al que se ha convertido en nuestro restaurante favorito (un vasco llamado
Iruña) es un tópico, las tradiciones hay que conservarlas en mesura de lo
posible.
Luis, nuestra primera conversación se grabó en mi mente. El tímido
ilicitano se ha convertido en un amante del riesgo, pues no satisfecho con un
Erasmus en Finlandia, va el tipo y se enamora de una alemana, ahora lo tengo
por Berlín aprendiendo el idioma y buscando un mejor futuro del que tenemos en
España, es enfermero y sabe curar las heridas del corazón mejor que nadie.
Nuestra amistad se unió más que nunca en un hospital, hacía
poco más de una semana que nos conocíamos y se pasó la noche conmigo en la zona
de desintoxicación, pues una mala alimentación y más alcohol de la cuenta me
hicieron pasar una noche en el Santa Tecla, una experiencia que no recomiendo a
nadie. Al despertar de mi sueño etílico Luis seguía allí, controlando mis
contantes, esperando mis reacciones, preocupado por si tenía que llamar a mis
pares (todo un detalle), su primera practica la hizo conmigo y su frase es: "Me
debes un coma".
Y Marco, obviamente italiano. Mi primera conversación con él
fue: “Gírate, muy bien, te llamaremos”. Si… yo estaba dirigiendo un casting y
él era uno de los modelos, por lo visto también era mi compañero de clase en la
universidad, pero jamás me di cuenta (hasta entonces).
Después de unos meses de intensidad regresó a Italia, y yo
me quedé sin un gran pilar en mi vida. Me mudé a Barcelona y no pude evitar
escaparme a la Roma del César, allí descubrí que sea en Italia, en España o en Paraguay,
Marco es y será uno de mis mejores amigos.
Esto me ha hecho aprender que la amistad no consiste en ver
a tus amigos a diario, saber todos sus quehaceres o salir de fiesta con ellos y
pillar el gran pedal; consiste en tener a alguien a quién llamar y de quién
recibir llamadas, alguien que te diga que te equivocas en tus opciones o que
aciertas en tus elecciones, alguien que al abrazarle desaparece todo el tiempo
en el que no habéis estado juntos y todo parece ser perfecto.
Gracias chicos por haber hecho que sonría tantas veces. Gràcies Gabriel per estar present en tots el
moments de la meva vida, d’estar al meu costat sense casi adonar-te de
l’important que ets per mi. Gracias Luis por se mi amigo, mi confidente, mi
consejero y mi punto de vista objetivo, por escucharme y dejarme escucharte.
Grazie per avermi fatto ridere Marco e vedere che la vita è di due giorni.
Que bonita es la palabra regreso, que bonito será el día que
nos volvamos a ver, de momento regreso a la escritura, regreso al blog después
de unos meses de descanso, esperando entretener a alguien y desfogándome en un
teclado desgastado pero con mucho aun por decir.
Muchos besos y gracias por estar aquí,
Marc












