La que os contaré hoy es la historia
de un chico al que no le enseñaron el camino por el que tenía andar, algunos lo
llamaban desorientado, otros decían que estaba loco, que era bipolar o que no
sabía organizarse y cambiaba constantemente de opinión; pero en realidad, el
chico estaba aprendiendo cada día a sobrellevar el anterior, recordando la ruta
ya andada y preparándose para el siguiente paso en su camino.
Pasito a pasito un día dejó atrás
todo aquello que había vivido, a sus espaldas los que le llamaban loco
desorientado, delante de él más camino por recorrer.
Algunos dicen que aun escuchan
sus pasos, se giran y se descubren buscando una sombra; otros dicen que jamás
existió, que solo fue una historia explicada por un cuentacuentos, pero digan
lo que digan, el chico sigue andando, en un camino en el que nadie le guío y el
solito hizo suyo. Algunas veces tropieza, otras se equivoca y tiene que tirar atrás,
algunas veces ha saltado o ha cogido atajos, porque el paso firme no cesa, pero
del inicio al fin hay mucho por descubrir, mucho por recorrer.
En uno de sus parones descubrió
que había estado andando mucho tiempo en dirección contraria; cualquier otro
hubiera llorado, se hubiera entristecido y enfurecido, pero él, acostumbrado a
los contratiempos y fanático del aprendizaje, se levantó de un golpe y corrió
para recuperar el tiempo perdido, con un sprint que le guió en pocos días hacía
el lugar adecuado.
No nos engañemos, sigue
desorientado, perdido y es que aun nadie le ha enseñado el camino por el que
andar, sigue pisando hierva, cruzando senderos y recorriendo bosques, quizás sí
que estaba loco, quizás sí que era bipolar y no sabía organizarse, pero lo
aprendido y vivido no se lo arrebatarán, ni que lo encuentren.
Algunos dicen que aun escuchan
sus pasos, se giran y se descubren buscando una sombra; otros dicen que jamás
existió, que solo fue una historia explicada por un cuentacuentos.
Muchos besos desorientados,
Marc
















